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martes, 20 de abril de 2010

Hamilton: niño mimado o aprendiz de psicópata. ¿Qué piensas?

Vengo de leer la siempre interesante aportación del Infierno Verde y la hacer un comentario he ido calentándome, rememorando las sensaciones negativas que me produce ese gran corredor y mal piloto inglés, Lewis Hamilton.
A Lewis le faltan cualidades, honorabilidad, para poder ser considerado un gran piloto: sí, pasará a la historia, indudablemente porque ya es campeón de F1 y eso es una entrada segura a la posteridad, pero en muchos de nosostros quedará como es mal recuerdo que es mejor olvidar antes que te queme los hígados. Es cierto que es un tipo rápido, que es capaz de adelantar metiendo el coche donde otros no somos capaces ni de imaginarlo, que traza como los ángeles… pero se comporta como los demonios, y por eso no puedo catalogarlo como buen piloto, igual que un chorizo con mucho dinero no es un buen empresario, ni un desalmado haciéndose rico a costa del dinero de todos no es un buen político.
Dice la Wikipedia que los psicópatas no pueden empatizar ni sentir remordimientos, por eso interactúan con las demás personas como si fuesen cualquier otro objeto, las utilizan para conseguir sus objetivos, la satisfacción de sus propios intereses. ¿Cuántas maniobras de Lewis podemos identificar como que trató a otros seres humanos como meros objetos a los que batir para alcanzar su propósito, sin preocuparles su seguridad o integridad? y ¿por qué siempre da la sensación de no tener sentimiento de culpabilidad, utilizando las disculpas como mera estrategia para mostrar que acepta unas normas sociales que es incuestionable que le dan igual?.
La última, la del pit Lane con Vettel, que mereció una mera reprimenda (¡para los dos!), cuando, si hubiera habido algún percance fatal con algún mecánico, jurídicamente debería calificarse como homicidio, porque, con desprecio a la vida de los demás, Hamilton rodó fuera de la pista habilitada para ello, haciéndolo sobre el espacio reservado para los mecánicos: y, en cambio, ni tan siquiera recibió la sanción reglamentaria.





No quiero entrar en el debate de si se debe dejar más tolerancia y laxitud al aplicar las sanciones a los "incidentes" (así se llaman el el Reglamento deportivo) en favor del espectáculo, porque choca con mi sensibilidad social: no estamos en el circo romano, ni la vida de los pilotos, mecánicos, oficiales y espectadores está al servicio de la diversión de unos y los intereses económicos de otros.
Y además Lewis llega a esta carrera después que sus compañeros se quejaran de su forma de conducir, esos compañeros a los que cuando dicen algo de él les llama “francotiradores” (sigue la Wikipedia diciendo que la falta de remordimientos radica en la cosificación que hace el psicópata del otro, es decir que el quitarle al otro los atributos de persona para valorarlo como cosa); pero si grave que este comportamiento sea consentido por los comisarios, resulta inaceptable que sea alimentado por Bernie Ecclestone, con grito que suena a lamentable apología y amenaza al resto de pilotos: "dejad de quejaros de Hamilton".
Y si vamos más lejos (saltándolos los insultos a los miembros de su equipo, el adelantamiento cuando estaba el Safety, el zigzag ante Petrov…), aquél niño mimado, posible aprendiz de psicópata, una vez llegado a la adultez, le larga a su padre con cartas destempladas, sin ni tan siquiera acordarse de la última vez que habló con él, “pero no en un par de semanas": “hemos estado corriendo juntos durante muchos, muchos años así que para él, que no podrá venir a las carreras más, será un gran cambio”, sin manifestar ni la más mínima preocupación ni pena.
También dice la Wikipedia que la mayor parte de los psicópatas no cometen delitos, pero no dudan en mentir, manipular, engañar y hacer daño para conseguir sus objetivos, sin sentir por ello remordimiento alguno: ¿os acordáis de Australia el año pasado?. Otra nota común que resalta la enciclopedia universal es la sobrevaloración de su persona, lo que los lleva a una cierta megalomanía, y ahora recuerdo que con sólo 22 años se dejó escribir unas memorias infumables, que pocos leyeron y de las que ya nadie se acuerda.
No se si será cierto aquello que se dijo que Hamilton era un experimento científico, pero si lo fuera, habrían hecho de él un gran corredor y una persona abominable; no se trata de una simple cuestión de testosterona, ni de la impulsividad de un joven piloto, ni de las rabietas de niño mimado al que no le han puesto límites, ni de conducir al borde del reglamento, sino de una conducta antisocial reiterada y alimentada desde sus más bajos impulsos por los directivos de la F1 que por, favorecer el espectáculo que constituye su negocio, no dudan en poner en riesgo las personas y dar un lamentable ejemplo de falta de valores.
Echo de menos los comentarios del primo de anónimo, que en este caso nos puede aportar su interesante visión de la cultura y la educación sajona que conoce muy bien.
No soy profesional de la salud mental y los términos psicológicos que pueda contener este post han sido utilizados en su sentido cotidiano, de forma esencialmente subjetiva, y sin suponer ningún tipo de diagnóstico ni prejuicio hacia nadie, habiendo utilizado una herramienta de uso común (Wikipedia) y no las de diagnóstico clínico (DSMIV o CIE10): deberían ser, en todo caso, los profesionales de la salud mental quienes debieran hacer un diagnóstico y, si efectivamente se tratara de una personalidad antisocial, inhabilitarle para conducir coches de carreras por ser un peligro social.
Si os acordáis de alguna "hazaña" de Hamilton, incluirla en los comentarios, para que nos hagamos una idea del catálogo completo.
PD.: Después de haber escrito el post, leo aquí esto: "Martin Brundle es de la idea de que no se ha de tener mano izquierda con los pilotos que ponen en peligro al resto; e mano izquierda nada, duro, a la cabeza y sin contemplaciones, de ahí que pida más dureza a los bad boys del fin de semana chino: Vettel, Hamilton y Button. A los dos primeros por el pique que protagonizaron en una zona de seguridad poniéndose en peligro los dos y a los mecánicos de su entorno...El comentarista de la BBC y ex-piloto de F1 afirma en su columna semanal que “la decisión ha sentado un precedente muy peligroso. Si yo hubiera sido el comisario invitado no sería muy popular en McLaren, pero esto no es un concurso de popularidad.” Parece que prevalece en él la sensatez como piloto sobre el lógico interés por su ex-equipo y sus espectadores (ingleses).