Precisamente hoy se había guardado un minuto de silencio por él en Misano, silencio que se ha roto y nos ha sobrecogido otra vez, con la imagen brutal de la muerte de Shoya Tomizawa, arrastrado inerte por la pista a consecuencia de otro golpe inclemente.Ya está abierto el debate sobre la edad a la que se deben iniciar los críos en este deporte y recientemente, precisamente a raíz del accidente de Peter, Rossi ha aclarado que la comisión de seguridad ha subido de 15 a 16 años la edad a la que puede correr en 125.
La Fórmula Uno tampoco es ajena a esta cuestión, pues hace muy pocos días se ha anunciado la precocidad del malasio Nabil Jeffri que con sólo 16 años es el piloto más joven el probar un F1, un Lotus T127, en unos test en rectilíneo del pasado 3 de septiembre en el Aeródromo Duxford del Reino Unido.
Pero no es mi intención abrir más debates, ni juzgar el papel de los padres y madres en la actividad de sus hijos e hijas, sino hacer un tributo de respeto a todas aquéllas personas que son capaces de poner su vida en riesgo por alcanzar un sueño.
Peter y Shoya son sólo los pilotos más recientes de una larga lista a la que hoy he llorado: el número 45 de Peter y el 48 de Shoya seguirán rodando en nuestro recuerdo, buscando esos triunfos que un inconsentido destino precoz les ha arrancado. En cada podio, cada vez que una bandera a cuadros caiga en un circuito, parte de los aplausos perdidos, esos que nunca se sabe donde van, esta vez serán para ellos.

