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lunes, 5 de julio de 2010

Es mucho más difícil de lo que parece.

Estuvimos en el circuito de Torremocha porque teníamos que hacer unas pruebas de la configuración del kart antes de la carrera de este fin de semana.
Como no había nadie en la pista y Jon parecía poco motivado, aprovechamos Diana y yo para dar unas vueltas con su kart.
La pista estaba sin goma y no nos habíamos preocupado mucho de las carburaciones y desarrollos, porque lo que queríamos es comprobar cosas de la configuración del chasis, por lo que los tiempos no podían ser los mejores, y de hecho Jon rodó varios segundos por encima de su mejor marca: ahí quedó en el Mychrom su 0.57,94.
Yo sólo dí dos vueltas, y nada más pude completar una, ya que en la siguiente hice un trompo al final de la recta y otro en la curva 1, así que por la integridad del kart, decidí dejarlo a tiempo: después de la sudada y de ir en lo que yo creía era en el límite, el Mychron me devolvió a mi realidad: ¡casi diez segundos más lento!, como los diez magdamientos, desgranándose de uno en uno.
Al final Diana también probó, y cruzó la línea de meta… a los dos minutos y siete segundos de haber empezado su vuelta ¡lanzada!: eso sí, celebrándolo como si fuera Contador en la última de etapa del Tour.
A nosotros nos sirvió para pasar un rato divertido y para recordar que este es un deporte en el que se deciden las victorias a toda velocidad y en menos de una décima de segundo por vuelta: eso requiere técnica, valor y unas habilidades que desde luego Diana y yo no tenemos.

miércoles, 12 de mayo de 2010

Hamilton ¿podía haber sido diferente?

Ya he vuelto de reencontrarme con mi madre, y con los recuerdos que ella atesora de un yo mismo cuando apenas despertaba de los sueños infantiles y pasaba todas aquéllas aburridas clases de matemáticas dibujando motos: motos de frente, motos de lado, motos por detrás… imágenes de aquéllas viejas Derbis con cúpula a las que Nieto hacía volar como un ángel y de esa Lobito a la que tanta veces modifiqué el motor en un pequeño taller de Fuencarral, hasta calzarle uno de Metralla, que vibraba de tal forma que alguna vez vi como se desenroscaba un tornillo a partir de los 120 km/h.
Y camino de vuelta a casa, del olivar andaluz al bajoaragonés, caí en que detrás de cada joven piloto suele haber un padre con su propia competitividad frustrada: quizás el equilibrio esté en saber “seguir” la evolución de tu hijo/a, sin presionar, sino acompañando su propio potencial.
Esto viene a cuento de una noticia que he leído en Telegraph.co.uk, como una pequeña rendija por la que se muestra una mínima parte de la humanidad que Hamilton debe tener bajo tantas capas de cebolla (la de la codicia, la de la vanidad, la de la ambición…); bueno, parece que ha vuelto a hablar con su padre (ese que tod@s conocemos tanto), después de varios grandes premios a los que parece que hasta le había negado el acceso: "Me envió un mensaje para hacerme saber que me está apoyando y si necesito algo que está ahí, que es todo lo que he querido de mi papá”.
No sabemos (ni nos importa) qué es lo que pasó entre ellos para que se fueran a pique 20 años de estar juntos en esto del automovilismo, en que pasaron del deporte infantil al estrellato juvenil, pero merece una reflexión esta relación tan habitual.
¿Cuántos padres de pilotos conocemos?: el de Fernando, el de Massa, el de Button…, pero, ¿cuántas madres? (como vengo de estar con la mía, debo estar más sensibilizado); ¿es que no hay madres detrás de los pilotos/as?.
Pues sí, es habitual ver en los circuitos a las familias enteras arrimando el hombro, cada cual aportando aquello de lo que sabe: Fina, María José, Carmen Pilar… y, por supuesto, Diana, la madre del Pulguita, que se ha pasado este fin de semana aprendiendo y comprendiendo como funciona el carburador del Rotax, cambiando chiclés o modificando la aguja para llevar el motor al máximo de su potencial.
Si a los padres nos mueve posiblemente un sueño no alcanzado, y seguimos persiguiendo nuestra propia ilusión frustrada, ¿qué es lo que hace que una madre abandone la comodidad de un fin de semana para seguir a su hijo/a por las pistas de competición?. Quizás si Hamilton hubiera podido contar también con su madre, entonces hubiera tenido alguna herramienta más para poder manejar mejor la influenciabilidad de los adultos que había a su alrededor, todos posiblemente hombres (estoy pensando en Ron Dennis, por ejemplo).
Yo no recuerdo la imagen en televisión de ninguna madre de ningún piloto de F1, ni tan siquiera sé como se llaman: ¿conocéis vosotras/os alguna?, ¿sabéis alguna historia de alguna de ellas?.
Por ejemplo, “Quiero desear un feliz Día de la Madre a mi mama, Mary Lou”, dijo Hamlin, piloto de la Nascar, al terminar primero la Sprint Cup en el circuito de Darlington (fuente Zeptem).