Estos chicos de RedBull son un ejemplo de la poca claridad, de la ambigüedad hipócrita: no se puede nadar y guardar la ropa; son los Oreos de la F1, honestos por fuera y deshonestos por dentro. Quieren quedar bien como escudería de F1 y a la vez como marca de bebida energética que pretende optimizar sus resultados económicos haciéndose paladines de unos valores que ni practican en el
equipo de F1 (¿recordamos lo del alerón roto y quien se quedó con el único de repuesto?) ni están contenidos en la lata de taurina y cafeina: quieren saltarse los valores deportivos que dicen defender, pero sin perder la cuota de mercado entre jóvenes y deportistas.Las declaraciones de Horner en la Web oficial de F1 (cliquea aquí para leerlas) son el ejemplo de mayor cinismo deportivo que recuerdo en mucho tiempo: varias veces habla de hacer lo correcto, lo honorable, lo que favorezca al equipo... ¿pero qué es correcto, honorable y que favorece al equipo?: que Vettel se deje adelanta por Webber en caso de necesidad; ahora sí, ni una vez lo dice así de claro, con todas las palabras, porque eso es lo que los consumidores de la marca no podría aceptar: Oreos.
Los iconos que ha elegido RedBull para dirigir sus campañas publicitarias son los jóvenes y los deportistas, así que no nos engañemos, detrás del circo de Vettel y Webber no hay más que un intento de persuadir a esos dos colectivos para que se atiborren de taurina y cafeina creyendo que así comparten unos valores que realmente son inexistentes.
Pero este blog no trata de estrategias de posicionamiento en los mercados, sino de la ilusión por participar en una actividad deportiva, como piloto de kart o de F1, como periodista deportivo o como aficionado, así que con una cierta náusea por lo que representan Horner, Helmut y Dietrich Mateschitz, la imagen amable del día son Fernado Alonso y Felipe Massa en la montaña rusa “Fórmula Rossa” del parque temático Ferrari en Abu Dhabi.
De 0 a 100 Km/h en dos segundos, alcanzando una velocidad máxima de 240 Km/h y una altura de 52 metros durante el trayecto, con un total de 2.07 Kilómetros... la cara de Alonso era un poema, aferrado a la barra de hierro. Jajaja... después de un arranque de terror, intenta aparentar tranquilidad y levanta los pulgares, pero al momento vuelve a agarrarse a la barra de hierro; levanta los brazos, y se agarra; saluda, y se agarra; señala algo, y se agarra... y al final se rasca la rodilla, señal de nerviosismo. Parece que nuestro piloto más universal podría ser víctima el síndrome del copiloto, que es lo es lo que ocurre cuando alguien abandona el asiento del conductor para sentarte al lado, y con ello pierde el rol de controlador y dueño de la situación.
Mañana a las 10 ya arrancan los motores de verdad, y allí Fernando va a hacer lo que mejor sabe: pilotar y darle un buen mordisco a los Oreos.
Los datos para la esperanza son que en las últimas cinco carreras ha estado siempre en el podio, pero de ellas, los de Red Bull sólo le han acompañado en tres ocasiones, así que no son invencibles.
Preparemos refrescos (nada de bebidas energéticas), patatas fritas, palomitas... y muchas ganas de disfrutar un fin de semana que hará historia... hasta que llegue ese mañana, échale un ojo al vídeo de Fernando y Felipe en el "Formula Rossa".