Empieza el día a las seis de la mañana, ¡y es domingo!.
Vamos a entrenar al circuito en donde correremos en julio, Torremocha, que está a unas dos horas de viaje, y eso que no hay que salir de la provincia, pero aquí todavía no ha llegado el impacto de las autovías (con la crisis parece que va a ser difícil que ya llegue) y aún disfrutamos de las carreteras de “antes”.
Cuando llegamos, todavía no está abierto porque el encargado se quedó a dormir en una casa de aldea próxima: la cama debía ser muy especial y se le quedaron pegadas las sábanas.
Lo primero es vestirse, ponerse el mono, botas, costillar… mientras Óscar va preparando el Kart; hoy está el circuito mojado porque esta noche ha llovido y hay que decidir reglajes: la pista no tiene agua suficiente para poner ruedas de lluvia, por lo que Pulguita hace una primera manga corta para evaluar.
Conducir en estas circunstancias con slicks es difícil, pero es una experiencia interesante porque hay que afinar mucho el pilotaje y hay que decidir si trazar por la parte limpia o sucia (con goma mojada patina más): al final fue inevitable un trompo sin consecuencias: ha sido como un juego, donde todo era disfrutar en el intento de mantener el kart dentro de la pista.Ha venido también alguna moto de Supermotard, pero no ruedan hasta que la pista seque, lo que permite estar con toda el circuito para nosotros solos (poco a poco se incorporaron tres karts más) varias mangas en que vamos probando con la configuración mixta de agua, rodando cada vez más deprisa… ya sabéis, esto consiste en estar siempre en la sutil línea que separa la máxima velocidad con la salida de pista.
La conjunción de la configuración de mojado y la pista en muchos lugares seca, hace que cueste más meter el morro en las curvas, exigiendo un mayor esfuerzo en las manos que, a media mañana ya empiezan a doler.
La primavera ha explotado y las escapatorias del circuito han desaparecido en un mar de flores y verde: una salida de pista podría suponer desaparecer en el mundo de Alicia.El cielo está muy nublado pero no llueve, por lo que la pista va secando: en total habremos hecho una docena de mangas cortas (para pequeños ajustes) y un par de largas hasta gastar todo el depósito.
Con la pista ya seca, volvemos a los reglajes normales: cambios en el chasis y en la relación de transmisión. Ahora ya ruedan motos, por lo que se hacen tandas separadas de 20 minutos.
Poco a poco Óscar, con la mirada siempre atenta de Federico, Rubén y Pedro (y alguna vez sus bromas. “mira, ya seca la pista”) va acertando con la carburación y configuración de chasis hasta hacer tiempos próximos a los de carrera el año pasado, pese a que las condiciones del circuito son muy diferentes; compartimos equipo y entreno con Sergio Flores, que tiene el record del circuito en la categoría inmediatamente superior, por lo que resulta una referencia importante.Carlos enciende una barbacoa y a eso de las tres y pico nos sentamos a comer: ese es el momento en que el cuerpo pasa factura por el madrugón, por lo que no nos damos ninguna prisa.
Antes de acabar se pone a llover con bastante fuerza; evaluamos si merece la pena poner ruedas de agua y volver a reglajes de mojado, pero apenas podríamos salir a hacer una tanda y no merece la pena jugarse algún problema en el motor (Federico en este punto es enérgico).
Así que recogemos todo el cansancio que hemos idos acumulando a lo largo del día y empezamos el camino de vuelta: al poco rato tenemos que parar en la cuneta y nos echamos a dormir una siesta… en que los sueños son con carreras y cronos.
Llegamos a casa casi para cenar directamente y, después de una cena ligera, ¡a la cama!, con la sensación del trabajo hecho.


















